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Ruanda: cuando el impacto deja de ser algo que te cuentan

Un RE de Wesser viajó a Ruanda con Cruz Roja. Lo que encontró allí cambió la forma en que entiende su propio trabajo.

Cuando le dijeron que había sido una de las personas elegidas para viajar a Ruanda con Cruz Roja y Wesser, no se lo terminó de creer del todo. De hecho, dice que le costó unos días asimilarlo. Entre la ilusión, las ganas y todo lo que se imaginaba, estaba también el hecho de que nunca había estado en África.
Antes de ir, tenía una idea bastante clara —aunque ahora reconoce que un poco limitada— de lo que se iba a encontrar. Pensaba en proyectos más centrados en cubrir necesidades básicas: escuelas, centros de salud, acceso al agua… lo típico que solemos imaginar desde aquí.
Pero al llegar, la realidad fue otra.
LA HISTORIA QUE NO OLVIDARÁ 
Uno de los proyectos que más le impactó fue el de una cooperativa agrícola que cultivaba patata. Puede parecer algo sencillo, pero detrás había mucho más. Gracias al apoyo de Cruz Roja, esa cooperativa no solo funcionaba, sino que estaba bien organizada, tenía formación, control económico… y daba sustento a más de 100 personas.
Ahí es donde empieza a cambiar la percepción.
Pero sobre todo, lo que se le quedó grabado fue una conversación con uno de los chicos de la cooperativa. Le contó que gracias a lo que estaba ganando allí, se estaba sacando el carnet de conducir y estudiando
para ser electricista.
«NO ERA SOLO UN PROYECTO FUNCIONANDO. ERA UNA VIDA QUE EMPEZABA A ABRIRSE CAMINO» 
También habla mucho de cómo les recibió la gente. Dice que fue «maravilloso», pero se queda corto. Le sorprendió el nivel de agradecimiento, algo que incluso le hacía sentir que no había forma de devolverlo.
Durante el viaje pudo ver también cómo trabaja Cruz Roja en terreno. No solo poniendo en marcha proyectos, sino acompañándolos de verdad: desde la financiación hasta la formación, pasando por todo el apoyo legal o administrativo que necesitan para salir adelante. Ese trabajo más invisible, pero clave.

NO ES UN PREMIO, ES UNA CONFIRMACIÓN 
Curiosamente, dice que la experiencia no le cambió la visión sobre su trabajo. Después de tantos años en el sector, ya tenía claro el impacto de las ONG. Ya había escuchado muchas historias. Pero lo que sí le dio fue un empujón grande para seguir. Más energía, más ganas, más convencimiento.
Por eso, cuando habla del viaje, no lo ve solo como un premio. Lo describe como una experiencia importante a nivel personal. De esas que te confirman que estás donde quieres estar y haciendo algo que tiene sentido.
Y si tuviera que decírselo a alguien del equipo, lo tiene claro: que lo intente. Porque, según él, es el mejor viaje que se puede vivir dentro de la empresa. Y lo dice sin dudar demasiado: repetiría una y mil veces.
A veces hablamos mucho del impacto. Pero cuando lo ves de cerca, cambia la forma en la que lo entiendes.
Te compartimos la historia real de los viajes solidarios y la experiencia en Tanzania en años pasados.
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