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Darna, voluntariado en Tánger que transforma vidas

Una aventura que comienza con ilusión

Cristina, compañera de Ciudad Real, y Roger, compañero de Barcelona, nos comparten una experiencia que les cambió la vida. Su viaje de voluntariado a Tánger, de la mano de Wesser, todo comenzó con una visita a la Granja Pedagógica, un espacio donde la creatividad y la naturaleza se unen para brindar a niños y adolescentes una segunda oportunidad.

Allí, a pesar de la previsión de tormenta eléctrica, fueron recibidos con calidez. Cristina quedó impactada por cómo un entorno tan natural y sencillo podía generar tanto bienestar. Roger, por su parte, conoció a adolescentes que, a través de la agricultura, carpintería y el arte, sanan sus heridas y construyen un camino digno. Las esculturas creadas por ellos mismos lo dejaron sin palabras: “nos pusieron la piel de gallina”. Era el primer contacto con un proyecto que no solo educa, sino que abraza emocionalmente.

Manos a la obra en la Casa de las Mujeres

Al día siguiente, comenzaron a colaborar en la rehabilitación de la cocina en la Maison des Femmes (Casa de las Mujeres). Este espacio no es solo un lugar físico, es una fuente de autonomía para mujeres en situación de vulnerabilidad. Durante el Ramadán, aprovecharon para renovar este rincón tan importante, ya que de él obtienen recursos gracias al servicio de comidas que ofrecen. Pintura, herramientas, trabajo en equipo… y muchas risas compartidas.

Roger también ayudó preparando puertas y ventanas. Aunque su aportación fue pequeña, la sintió enorme por lo que representa ese lugar para tantas mujeres.

La Casa Azul y el alma del proyecto: Habiba

La visita a la Casa Azul fue uno de los momentos más emotivos. Allí conocieron a Habiba, su directora. Una mujer con una humanidad desbordante y una energía que dejó huella en todo el grupo. Cristina relata cómo este lugar ha sido clave para rescatar a niños y jóvenes de contextos extremadamente duros y darles un futuro lleno de posibilidades.

Roger también se emocionó al conocer a dos jóvenes artistas que gracias a DARNA pudieron reconducir su futuro después de vivir situaciones muy difíciles. Destaca el impacto de los talleres de costura, carpintería, arte o pastelería, pero sobre todo, el acompañamiento emocional que reciben. “Fue muy emocionante ver cómo un espacio tan bonito puede devolverles la esperanza”, recuerda.

Más que voluntariado: una conexión humana

Ambos, Cristina y Roger, coinciden en algo: esta experiencia va más allá del trabajo social. Es una vivencia de crecimiento personal. Una oportunidad para mirar la vida desde otra perspectiva. Y, sobre todo, para conectar con personas increíbles. Cristina no puede dejar de mencionar a Jaime, su guía, y a sus compañeros Roger, Mireia y Miriam. Roger destaca la gastronomía marroquí, la calidez del grupo y la belleza de Tánger, así como el gran guía que fue Jaime para todos.

Volver transformado

Cristina regresó con el corazón lleno y la mente rebosante de imágenes y emociones difíciles de olvidar. Roger, con nuevas amistades, reflexiones profundas y una gratitud inmensa hacia Wesser por hacer esto posible.

Ambos lo dicen claro: volverían a hacerlo una y mil veces.

¿Y tú? ¿Te animas a dar el paso?

Hay experiencias que te sacuden, que te enseñan, que te hacen crecer. El voluntariado en Tánger con DARNA es una de ellas. Si estás buscando algo más que unas vacaciones, si te mueve ayudar y conectar con otras realidades, esta puede ser tu próxima gran historia.

Tú puedes ser el siguiente.

Si te interesa este tipo de historias, no te pierdas las experiencias de voluntariado de quien lo ha vivido en el siguiente enlace

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