La solidaridad es cosa de todos

El término solidaridad tiene múltiples significados. Esta polisemia surge de la definición tan general que nos ofrece la Real Academia de la Lengua Española, que la considera una “adhesión circunstancial a la causa o empresa de otros” (1). Partiendo del concepto más coloquial y genérico, la solidaridad se comprende como mera sensibilidad humanitaria hacia quienes quedan fuera de los límites establecidos por la economía de mercado. Esto quiere decir que, en nociones económicas, tendemos a imaginar la solidaridad como sinónimo de altruismo, caridad y beneficencia.

No obstante, el altruismo se define como la “diligencia en procurar el bien ajeno aun a costa del propio” (1) y configura un lazo de dependencia entre el que da y el que recibe; mientras que la solidaridad se entiende como parte importante de un desarrollo común, recíproco y de vínculos paritarios. Significa entonces que el cooperativismo (o cooperación) nace como noción derivada de la propia solidaridad; una relación dual que aún se mantiene a día de hoy.

Solidaridad representada por dos manos formando un corazón

Esta gran cantidad de variantes terminológicas se relacionan estrechamente con los diferentes modelos teóricos que se han estudiado a lo largo de los siglos XIX y XX. La Gran Depresión y el final de la Segunda Guerra Mundial dieron origen a la idea de Estado de bienestar, una propuesta de organización social que considera necesario el cumplimiento de los derechos para todas las personas que lo componen. Asimismo, muchos expertos y sociólogos del momento apostaron por estudiar los fenómenos que surgen de la sociedad como conjunto en lugar de centrarse en el interés individual de la persona.

Émile Durkheim, quien definió la solidaridad como elemento de unión dentro del escenario colectivo, destaca entre ellos: “es cierto, en efecto, que la solidaridad, aun siendo ante todo un hecho social, depende de nuestro organismo individual. Para que pueda existir es preciso que nuestra constitución física y psíquica la soporte. […] Pero, en ese caso, no se ve de ella sino la parte más indistinta y menos especial; propiamente hablando, no es ella en realidad, es más bien lo que la hace posible” (2).

Según este esquema, la solidaridad reconoce el potencial de las personas desde la individualidad, pero siempre comprendida dentro de un conjunto. Desde una perspectiva que entiende el bienestar personal enmarcado dentro del avance común, la solidaridad pasa a ser un valor añadido; una obligación moral y ética que da lugar al derecho a la solidaridad, también conocido como derecho de los pueblos. El cambio en las estructuras sociales ha generado un mundo más integral e interconectado, y nos lleva a pensar en la solidaridad como la medida en la que somos por lo que otros son.

En este contexto, las organizaciones no gubernamentales (ONG) surgen como pieza indispensable de un movimiento solidario global, cuya meta es un mundo más justo para todos. En el año 2012, Cruz Roja Española y la Fundación Josep Carreras contra la leucemia, englobadas dentro de la Asociación Española de Fundraising (AEFr), formaron parte de la campaña Somos Unidos para Cambiar el Mundo. En ella explican que “dos de cada tres personas sufren al ver injusticias y tragedias; y que esta angustia resulta ser intensa para el 43 % de nosotros” (3).

A pesar de las diferencias que presentan las nociones de altruismo y solidaridad, ambas comparten importantes dosis de conciencia colectiva, generosidad y filantropía. Por ello, tal y como explica la filósofa Elsa Punset, “los modelos sociales que muestran comportamientos altruistas ayudan mucho a la sociedad. […] El altruismo es a la vez innato y aprendido. Nacemos empáticos, con la capacidad de ponernos en la piel de los demás y de sufrir y disfrutar con ellos; y podemos aprender a potenciar esta capacidad. Ayudar genera felicidad personal y colectiva” (4).

En este sentido, el trabajo que llevan a cabo las ONG surge de la capacidad de ponerse en el lugar del otro y de querer que disponga de las mismas oportunidades que uno mismo. Por lo tanto, la solidaridad, entendida como la acción de dar, encuentra su origen en el humanitarismo. Sin embargo, trasciende el concepto inicial al pasar a ser un proceso de cambio que “se incorpora al interior de la economía” (5), que construye desde dentro y que requiere de colaboración y compromiso constante.

Un progreso común solo es posible con la cooperación de todas y cada una de las partes. Igualmente, debe contar con una conciencia social que vele por el medio ambiente dentro de un marco de contribución al desarrollo sostenible. Por ello, en Wesser nos esforzamos por trabajar creando solidaridad de la mano de las organizaciones benéficas a las que representamos con nuestro trabajo diario en el sector del fundraising. Por esta razón, en Wesser creemos en lo que hacemos.

Creemos en la generosidad y en la filantropía. Creemos que un mundo mejor es posible. Creemos que la mejor forma de contribuir a la solidaridad es jugar un papel primordial en los proyectos de desarrollo que realizan nuestras ONG. Creemos que los programas a largo plazo de las ONG con las que trabajamos son la mejor manera de crecimiento posible y apostamos por ellos trabajando en la captación de socios.

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Bibliografía

(1) Real Academia de la Lengua Española. [http://www.rae.es/]. Fecha de consulta: 18/07/2018.

(2) Durkheim, Émile. La división del trabajo social (volumen I). Libro primero: La función de la división del trabajo. [http://www.fhuc.unl.edu.ar/sociologia/paginas/biblioteca/archivos/DurkDivision.rtf.pdf]

(3) Campaña ‘Somos Unidos para Cambiar el Mundo’. Teoría de la Solidaridad. Conclusiones. Año 2012. [https://www.aefundraising.org/wp-content/uploads/2018/01/Informe-Teor%C3%ADa-de-la-Solidaridad.pdf] Fecha de consulta: 18/07/2018.

(4) Campaña ‘Somos Unidos para Cambiar el Mundo’. Teoría de la Solidaridad. Nota de prensa. Año 2012. [http://www.manosunidas.org/sites/default/files/nota_de_prensa_de_la_campana_somos.pdf]

(5) López Castaño, Samuel. La solidaridad como fundamento de organizaciones empresariales emergentes. Maestría en Administración. Facultad de Ciencias y Administración de Manizales. Universidad Nacional de Colombia. Año 2005. [http://bdigital.unal.edu.co/1141/1/samuellopezcastano.2005.pdf]

(6) Coady, Moses Michael. Dueños de su propio destino: una experiencia de educación de masas. Universidad Cooperativa de Colombia. Editorial Cooperativa Intercoop Ltda. Coedición, Bogotá, 2010. [https://es.scribd.com/document/206286201/LCCapitulosIVVyVILibroDuenosdesuPropioDestino-INSTITUCIONAL3-pdf]

(7) Weber, Max. Economía y sociedad. Fondo de cultura económica. [https://zoonpolitikonmx.files.wordpress.com/2014/08/max-weber-economia-y-sociedad.pdf]