Motivación para el éxito

Hay quien dice que para ser feliz hay que tomar decisiones. Y lo cierto es que somos nosotros mismos, con los pasos que damos diariamente, los que construimos el camino a seguir. Nosotros, nuestra intención, nuestra perspectiva y nuestra forma.

Para sacarle el mejor partido a nuestras decisiones, es importante entender cómo funcionamos: cómo pensamos, cómo nuestra mente afecta a nuestras emociones y cómo lo que sentimos determina lo que hacemos. Es precisamente esta relación entre impulso, razón y actuación la que nos acerca a nuestras metas.

Nuestra vida es un conjunto de decisiones que tomamos emocionalmente, con iniciativa y autonomía. Lo que nos apetece y lo que no. Lo que deseamos y lo que no. Lo que nos mueve y lo que no. Lo que nos motiva y lo que no.

Las emociones dan lugar a sentimientos, que a su vez suscitan reacciones medibles y perceptibles en nuestro cuerpo. Nuestro cerebro se pone en marcha para alcanzar aquello que nos hace sentir bien, liberando dopamina. Esta hormona, además de ser fundamental en la función motora del organismo, oficia como jueza de nuestras expectativas y genera sensación de placer.

A pesar de que son las emociones las que nos motivan a movernos, los resultados de nuestras acciones provienen de decisiones conscientes. Por ello, dirigir las emociones hacia una dirección adecuada y hacer un buen uso de ellas nos ayudará en la consecución de nuestros objetivos.

Chica expresa el poder de la motivación saltando

¿Cómo llegamos a las expectativas que nos marcamos? ¿Qué lugar ocupan las creencias y valores de cada uno? ¿Qué papel juegan las experiencias vividas? ¿Cómo encajamos los éxitos y fracasos? ¿Cuánto nos queda por conocer de nosotros mismos? ¿Qué nos llena? ¿Qué impulsa nuestros motivos?

La motivación encuentra su origen en algunos aportes de grandes filósofos y pensadores, como Sócrates, Platón y Aristóteles. En sus inicios, los motivos se interpretan desde una naturaleza impulsiva e irracional. Años más tarde, René Descartes sentaría las bases del dualismo cartesiano; a través del cual se establece que los motivos pueden desprenderse tanto del cuerpo como de la voluntad. Poco tiempo después, Charles Darwin fundamentaría la herencia genética del instinto y, finalmente, William James popularizaría la primera teoría motivacional del instinto aplicada a la psicología (1).

Desde un punto de vista fisiológico, la motivación parte de la necesidad de satisfacernos. Por contra, las teorías psicoanalíticas ven la motivación como una consecuencia de los pulsos inconscientes que determinan nuestra psique. ¿Somos capaces de concebir las unas sin las otras y viceversa?

Cada persona es un mundo; un mundo que piensa, siente y actúa de manera integral. Por ello, las distintas teorías desarrolladas a lo lago de la historia en torno a la motivación enriquecen nuestro saber y nos apoyan a la hora de afrontar nuestra realidad particular.

“La integración de la cognición, la emoción y la conducta, planteada por la neurociencia, es importante, pues si estos componentes actúan de manera individual no conducen al aprendizaje deseable” (2).

En Wesser somos expertos en motivarnos día tras día para lograr nuestros objetivos en el trabajo. Motivación laboral, superación, crecimiento y placer son conceptos que manejamos de manera conjunta. Mientras que la motivación es la gestión de la energía, la superación hace referencia a la realización de nuestros retos mediante el aprendizaje continuo. Y solo subidos a la cima del éxito admiramos el placer, entendido como una consecuencia de la propia motivación. ¿Te atreves a desafiarte? ¡Sube tus niveles de dopamina!

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Bibliografía

Alcaráz Romero, Víctor Manuel & Gumá Díaz, Emilio (2001). Texto de Neurociencias Cognitivas. México D.F., México: Editorial El Manual Moderno.

Schunk, Dale H. (2012). Teorías del Aprendizaje, una perspectiva educativa. México: Editorial Pearson Educación.